Hay 4 especies de buitres que se pueden ver en la Península: el buitre leonado (Gyps fulvus), el buitre negro (Aegypius monachus), el alimoche (Neophron percnopterus) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Este fin de semana subimos a Buseu Wild Pyrenees, un refugio de naturaleza en el Pallars Sobirà bastante enfocado a la fotografía de estos simpáticos personajillos. Y la verdad es que no decepcionó: pudimos hacer póker de buitres, aunque por desgracia el alimoche1 no se posó y no tuve oportunidad de sacarle una buena foto.
(Retrato de un quebrantahuesos)
La estrella (para mí) fue sin duda el quebrantahuesos. Es un bicho absolutamente inmenso (desde donde estábamos hasta se oían las batidas de las alas al depsegar y aterrizar) con un rojo brillantísimo en el ojo y un plumaje espectacular. Si hubiera vivido en la Edad de Bronce y los hubiera visto comerse los huesos de los caídos en batalla, habría creído perfectamente que son una especie de espíritu o manifestación de una deidad. Me cuesta no creerlo ahora, incluso.
(Imagen de un quebrantahuesos con marcas alares)
Tuvimos la inmensa suerte de encontrarnos a uno marcado, lo que nos ha permitido saber, gracias a al FCQ, que se llama Sjakel y es una hembra de al menos 17 años de edad. Estaba disponible para ser apadrinada, así que ahora tengo custodia compartida con mi pareja y mis suegros de nuestro very own dinosaurio.
Los quebrantahuesos, como la mayoría de aves grandes, tardan en madurar, y el plumaje adulto tarda 7 años en aparecer. Pillamos también algún inmaduro, inconfundibles por el color oscuro de las plumas de la cabeza y ese aire que tienen todos los pollos de no saber muy bien de qué va la fiesta.
(Juvenil de quebrantahuesos, diría yo que de tercer año, por cómo le clarea ya la carita)
Los buitres negros también nos hicieron el favor de dejarse ver bastante bien. Calculamos que, al haber visto al menos a 5 individuos simultáneamente, habremos visto al 15% de la población residente en los Pirineos. Habiendo estado recientemente en Monfragüe, quizás no les he dedicado tanto tiempo como merecen, aunque ha sido todo un lujo verlos tan de cerca.
(Buitre negro con alimento en el pico)
(Juvenil de buitre negro, con algo de plumón aún en la cabeza)
Los leonados, que fueron multitud, no por eso dejaron de ser impresionantes: sobre todo, por comprobar que a pesar de que el hardware es diferente que el de una paloma, llevan el mismo software
(Buitre leonado haciendo la tortita)
He de decir, pero, que en ocasiones se me hizo algo incómodo. Al final, vienen al hide porque reciben comida (los derechos de imagen se cobran), que al final altera su comportamiento, y no sé si la felicidad que a mí me reporta tener estas imágenes compensa el efecto humano.
(Buitre leonado observándome)
En cualquier caso, que la ganadería deje los restos a los buitres tampoco es algo reciente, que digamos, y si de rebote de las medidas por la conservación del quebrantahuesos se aprovechan los leonados, oye, que les aproveche.
Otros que no se pierden una fiesta son los cuervos grandes (Corvus corax) que se dejaron ver bastante también.
(Cuervo grande como el jueves, siempre en medio)
El contrapunto triste fueron los alimoches, a los que no pude sacar fotos, y que en el hide nocturno, salvo un ratoncillo que nos amenizó la espera y un par de cernícalos cuando aún era de día, fue bastante escaso en amiguitos. En cualquier caso, una experiencia absolutamente recomendable: sólo por el quebrantahuesos merece la pena pagar lo que vale el hide. Vuelvo a casa con unas mil fotos en la tarjeta, que iré revisando (y subiendo por aquí) poco a poco.